Labiano está situado en el Valle de Aranguren (Navarra) y actualmente tiene la consideración legal de concejo, integrado en el municipio del Valle de Aranguren.


Labiano en el Misterio de Obanos:

En tanto que Labiano es uno de las tres poblaciones navarras que están unidas por la leyenda de Guillen y Felicia (las otras son Amocáin, en el Concejo de Elía, y la propia Obanos), aparece nombrada en el Misterio en este sentido:

  • Se trata de un lugar diegético en la obra (se nombra pero no aparece representado o escenificado en el Misterio).
  • La mula que transporta el cuerpo de Felicia desde Amocáin llegará a Labiano y, a sus afueras, se detendrá ante la iglesia dedicada a San Pablo, que actualmente tiene el título de Basílica de San Pablo y de la reina Santa Felicia («La mula, al fin, se detuvo / en el lugar de Labiano / y, con su preciosa carga, / cayó, rendida de brazos, / ante al iglesia en que se honra / la conversión de San Pablo. Allí descansa Felicia, / muerta por su cruel hermano. / Allí la venera el pueblo / que santa la ha proclamado«). Por el camino viejo podría haber hecho casi 16 kilómetros (en 3h 45′ a paso humano), o 18 en otra ruta alternativa (4h 30′), pero actualmente por carretera hay 22,2 km (que se recorren en 27 minutos).
  • A día de hoy (2025) dicho templo sigue guardando, a modo de reliquia, un cadáver de mujer (y su brazo separado, en un relicario que muestra una mano), que la veneración y la tradición popular atribuyen a Santa Felicia desde, al menos, el año 1510 (documentado en dicho año según el «Tratado sobre supersticiones» de Martín de Andosilla, canónigo de Pamplona, que indica que ya existía anteriormente).

Curiosidades:

  • El libro «Labiano: Historia y actualidad» escrito por quien fuera párroco de Labiano, Jesús Equiza, se cuenta lo siguiente, que además nos permite situar mejor en el tiempo el origen histórico de la leyenda que hermana a Obanos y Labiano:

En 1510 aparece la primera edición del libro: «Tratado sobre supersticiones…» publicado por Martín de Arlas y San Juan, llamado popularmente Martín de Andosilla. Este, que a la sazón era canónigo de Pamplona y arcediano de la Val de Aibar, compuso la citada obra teológica para discernir determinadas prácticas, que tenían aspecto de supersticiosas.
Pues bien, Martín de Andosilla hace una referencia explícita a Labiano; no es una referencia muy grata por el contenido, pero si de gran valor histórico. Después de referirse a una práctica de los de Lumbier que, en caso de grave sequía, marchan procesionalmente a la ermita de S. Pedro de Usun para impetrar la lluvia por su mediación y que amenazan con sumergir al santo en el río si no la consigue; práctica que juzga supersticiosa, sacrílega y provocativa, concluye: «Los vecinos de Labiano, que obran de manera semejante y porque llevan procesionalmente el cuerpo de Sta. Felicia y lo sumergen en tiempo de sequía» teniendo la misma credulidad que los de Lumbier, son de la misma manera supersticiosos y vanos, porque tal acto no se ajusta ni al procedimiento natural ni al sobrenatural y se ofende a Dios»47. El autor conocía, sin duda, esta práctica, ya que era también Abad de la iglesia de S. Pedro de Unciti. La cercanía le habría permitido visitar el santuario y observar in situ las costumbres locales… A principios, pues, del siglo XVI aparece consolidada la devoción a Sta. Felicia. Si como sugiere J. Goñi Gaztambide, los manuscritos de la obra citada pueden ser fechados en 1480, no sería aventurado concluir que las gestas de Sta. Felicia y S. Guillén tienen lugar en el siglo XIV.

  • La primera representación pública del Misterio de Obanos fue el 28 de agosto de 1965. Según se recoge en prensa, a ese estreno vinieron setenta vecinos de Labiano y, con ellos, su entonces párroco, Luis Latasa. Días después el sacerdote escribió sendas cartas al director en los principales periódicos de Navarra quejándose de que en el Misterio no se nombraba a Labiano. El caso es que sí se nombraba, pero como se hacía de manera cantada, por lo visto no se debió entender. La primera contestación pública se la dio el propio autor de la obra, Manuel Iribarren Paternáin y, después, Francisco Arrarás (primer regidor). A ambos volvió a contestar públicamente el cura de Labiano (foto de abajo). Y aún hubo otra respuesta posterior y final de Arrarás.
    Latasa, además de que no se entendiera la letra en alusión a Labiano, reivindicó que el Misterio bien pudiera incluir unos versos que se decían en Labiano y que eran los siguientes:

El animal caminó
por impulso soberano
y en el pueblo de Labiano
con el Tesoro cayó
en él, tu amor eligió
para siempre residencia.

Además, quiso rectificar la versión de que los vecinos de Labiano habían sido invitados a asistir al estreno del Misterio:

P. S. He oído que se ha dicho que el pueblo de Labiano fue invitado al estreno de «El Misterio de San Guillén y Santa Felicia». Tengo que rectificar esa versión: De Labiano fuimos aquel día a Obanos setenta personas por nuestra propia cuenta y voluntad y sin que nadie nos invitara.—L. L.

 

El Pensamiento Navarro, 9 de septiembre de 1965, recogió la última carta pública de Luis Latasa, párroco de Labiano.

 


Versión de la leyenda de la muerte de Santa Felicia tal y como se cuenta en Labiano:

La Basílica de Labiano, vista hacia el fondo, con el coro en la parte superior.

 

Cuadro con historia de Santa Felicia y San Guillén en la iglesia de Labiano, contando su versión de la leyenda. Este cuadro se podría situar «en los siglos XVI-XVII, aunque el texto hubiese sido retocado con posterioridad. Se trataría, pues, de un ‘documento’ posterior que ha recogido una tradición oral anterior» (libro de Jesús Equiza). [Foto: M. Pagola]

 

En azul y cursiva, los textos literales (entrecomillados) del cuadro sito en la ermita de Labiano donde se narra esta versión, según transcripción publicada en el libro «Labiano. Santuario de S. Pablo y Sta. Felicia. Historia y actualidad» del sacerdote Jesús Equiza (2001). En granate la comparación y cambios con la leyenda tal y como se cuenta en Obanos. En verde las coincidencias exactas con la versión de Obanos.

  • Son hijos de los reyes de Francia: «Los santo hermanos Felicia y Guillermo (…) dicen haber sido hijos de los Reyes de Francia«.
    • En Obanos son duques de Aquitania.
  • Viajan juntos: «Partieron los dos hermanos en romería a Santiago de Galicia (…) con tanta pobreza que ni siquiera llevaron un sirviente«, viajando «solos en edad tan peligrosa«.
    • En Obanos Felicia viaja ‘sola’ (con un séquito, sí, pero sin la compañía de su hermano).
  • Felicia le dije a Guillén que se queda (en Navarra) y que no vuelve a Francia. Él sí que vuelve: Volviendo de Santiago «caminando para Francia«, Felicia «se había propuesto huir de la babilonia de la Corte y del estado conyugal«. Deseando «guardar sumamente su pureza virginal, consagrada al Esposo celestial, resolvió decir a su hermano que fuese solo a Francia y que ella, por servir a Dios, quedaba donde desembarazada pudiera atender a dicho servicio solamente«. «Fueron tales y tan eficaces las súplicas y lágrimas de Felicia, que (Guillén) la dejó [se entiende que en Navarra], y , solo, partió para Francia«.
    • En Obanos Felicia no avisa a nadie de que cambia de planes, ni de que no volverá a Aquitania, ni de que se queda a vivir en Navarra (en Amocáin): se fuga de su séquito, que regresará solo y sin poder dar noticias de las intenciones de Felicia, de cómo se ha producido su ‘conversion’, ni de donde se ha quedado.
  • Felicia elige ser criada y mortificarse con trabajos: Aunque no se nombra aún, se sabrá después que lo hará en Amocáin. «Libre de un testigo de tanto embarazo para sus santos fines, buscó donde servir de criada, confiando con un destino tan humilde y repugnante a su elevado rango mortificar varonilmente su amor propio y ejercitar todas las virtudes, a cuya perfección anhelaba con toda ansia«. Felicia «Olvidaba siempre (…) quien era, (y) solamente ansiaba agradar más a Dios, despreciando los bienes temporales y las grandezas del mundo, obedeciendo y humillándoselo en las fatigas de su servicio«.
    • Coincide con la versión de Obanos.
  • Milagro del pan y las piedras: Felicia «se esmeró en la abstinencia y en la caridad del prójimo, dando su comida a los pobres«. «Supo el amo las limosnas que hacía, y juzgando que le hurtaba de su casa, acechándole (…) vio que metía pan en la vasija del agua«. «Le salió al encuentro cuando iba por agua; preguntóle qué llevaba en la vasija, y ella contestó que unas piedras, y mostróselas, y así lo eran a los ojos del amo, aunque (eran) pan en las manos de los pobres a quienes distribuyó luego que el amo se había alejado«. Pero luego el amo comenzó a admirarla «tanto más cuanto con mayor cuidado observaba las virtudes de que estaba poseída su criada Felicia, la veneraba ya más que la amaba, con toda su familia«.
    • Estos detalles no se cuentan en la versión de Obanos pero, aparentemente, sí en la de Amocáin (en Elía).
  • Guillermo volvió a Francia y sus padres le piden que regrese para buscar a Felicia: «recibieron gran pena sus padres de no ver a la hija en su compañía, y enterados de cuanto con referencia a ella ocurría, en medio de su dolor lo mandaron por una prenda tan amada«.
    • En Obanos Guillermo es quien decide salir en búsqueda de su hermana (el séquito de Felicia es quien le dice que la han perdido o se ha escapado en el camino de vuelta).
  • Guillermo encuentra y mata a Felicia en Amocáin: «Volvió a España y supo que su hermana estaba sirviendo en el Señorío de Amocáin, del Valle de Egües, partido judicial de Aoiz, provincia de Navarra. Buscóla, y quiso persuadirle con amorosa palabras de su vuelta a Francia, más no se dejó vencer la santa doncella, antes le dijo que primero la llevaría muerta que viva, y colérico el hermano le quitó la vida, y no contento con esto, quiso en vénganla de su honor, llevar alguna señal, luego que la vio difunta» (pero no dice a qué señal se refiere).
    • En este caso el fratricidio se comete estando los dos hermanos a solas, tal y como también se suele narrar en la versión original de la leyenda obanesa (más austera que la del Misterio teatralizado).
    • En el Misterio de Obanos los señores de Amocáin y otros sirvientes son testigos del asesinato (al menos alrededor, a cierta distancia, de los personajes).
  • Guillermo se arrepiente (pero no va de nuevo a Santiago) y se retira como ermitaño (sin especificar que fuese a Obanos): «Pero entonces, con una maravilla que Dios obró sobre Felicia su sierva, conoció Guillermo su pecado, y para satisfacción de la pena, escogió por morada una ermita, donde hizo vida tan penitente que con razón es tenido por Santo, obrando Dios muchos milagros por su intercesión«. Aquí termina la parte de Guillermo según la versión de Labiano.
    • No se indica, pues, en Labiano, que Guillermo fuese a la ermita de la virgen de Arnotegui de Obanos.
    • Coincide con Obanos en que, para purgar su pecado, Guillén consagró su vida como ermitaño.
  • Los señores de Amocáin entierran a Felicia: «Los señores de Amocáin, solícitos y angustiados por la falta de su amada Felicia, la buscaron, y encontraron muerta» y «la enterraron en la iglesia del mismo lugar«.
    • No coincide con Obanos en que los señores de Amocáin se la encuentran muerta (en Obanos ellos son testigos del crimen).
    • Coincide con Obanos en que ellos entierran a Felicia en la iglesia de Amocáin.
  • Milagro del clavel en la sepultura: «En ocasión de que la Señora de Amocáin fue a cumplir sus devociones, vio que de la sepultura de su criada salía un hermoso clavel. Avisó al marido, y absortos ambos de tal maravilla, que crecía y era tan orodífero, hicieron abrir la sepultura y descubrieron con gozo increíble que el clavel nacía de la misma herida de que había muerto su amada Felicia. Con milagro tan patente conocieron ser Santa«.
    • El milagro del clavel coincide con Obanos si bien allí se especifica que el clavel era blanco. En Obanos también abren la sepultura y ven que el clavel nace de la herida.
    • Pero en Obanos desde un principio Felicia fue depositada y enterrada en un arca (en Labiano se entiende, por lo que cuenta a continuación, que fue sepultada directamente en la tierra).
  • El arca sale sola de la iglesia y no la pueden levantar para volverla a meter: «Para mayor decencia, ayudados del Cura, la colocaron en un arca que al efecto mandaron construir«. «Mas no quiso Dios que un tesoro tan precioso estuviese oculto en la oscuridad de aquellos montes, y, por medio de otros ruidosos prodigios, dio una gran celebridad a la santidad de su sierva y un impulso muy valiente a la devoción de los fieles, para que se aprovecharan de su mediación. Al imperio secreto de su voz omnipotente, el arca donde se custodiaba el santo cuerpo salió de la Iglesia, sin verla nadie, y, cuando el Señor de Amocáin la echó de menos, buscándola en compañía de sus criados, con ansiosa solicitud, la hallaron en el campo, no pensaron lo ordenaba Dios, y quisieron volverla a la misma iglesia; mas, ¡oh maravilla!, se hizo tan pesada que no pudieron hacerle perder tierra».
    • Coincide con Obanos.
  • Ponen el arca sobre una mula: «Dieron cuenta al Cura del prodigio, y éste al Prelado, el que respondió que hiciesen lo que más convenía, y el Cura, inspirado por Dios, dispuso que el arca se pusiera sobre una mula, dejándola a rienda suelta que la guiase la Providencia. ¡Qué expectación! Colocada el arca sobre la mula, para lo que se hizo muy ligera, principió a andar por sí misma, con asombro de innumerables personas de aquellas montañas que habían sido atraídas por el ruido de las repetidas maravillas, y la seguían apesadumbradas de que se les alejaba una prenda tan estimada que ocupaba sus corazones. Caminaba la mula, y en su tirado arreglado y sosegado curso demostraba claramente por quién iba dirigida. Voló la fama, y cada pueblo adonde se acercaba salía procesionalmente, tocando a la vez las campanas con universal gozo y ansia de venerar y recibir una dádiva del Cielo, si acaso en sus altos designios estaba destinado a ser su depositario y custodio».
    • Coincide con Obanos.
  • La mula va hasta Labiano: «Por fin, llegando la mula cerca del lugar de Labiano, cayó y quedó inmóvil junto a la antigua basílica dedicada a la Conversión de San Pablo Estando ya declarada la voluntad de Dios, que se venerara en ella el cuerpo de Felicia, lo levantaron con facilidad y lo colocaron en el mismo sitio donde se halla hoy».
    • Coincide con Obanos.
    • En Labiano, además, amplían esta parte de la leyenda con otro milagro de tono más popular: cuentan que antes de llegar a Labiano la mula meó y que allí surgió un manantial o una fuente que más tarde se tapó (actualmente, en octubre de 2025, están moviendo unas piedras en esa zona con intención de volver a localizar esta salida de agua que, por lo visto, llegó a existir).

      Trayectos actuales, a pie, desde Amocáin hasta Labiano. Posiblemente alguno de estos, o parecido, fue el que se supone que hizo la mula llevando el cuerpo de Felicia.
  • Referencia a otros milagros atribuidos al viaje de Felicia en mula: «Es de creer que en la prodigiosa traslación de Santa Felicia, en que Dios hizo tan magnifica ostentación de su poder, para manifestar al mundo los méritos de su fiel sierva, se hubiesen obrado muchos milagros (…) acompañados de fervorosa devoción de tantos fieles como concurrieron en tan memorable día. No se tiene noticia de ellos, por la penuria de historiadores de los tiempos antiguos. Falta también mucha parte de la historia de otros acontecimientos grandes de Navarra y de toda España; aunque es cierto que atestiguan y responden victoriosamente de la verdad de los milagros antiguos los inapelables que se han experimentado sin interrupción en tiempos posteriores, por cuyo medio la bondad infinita de Dios ha querido, para gloria suya, aumentar y extender la piedad y confianza de los fieles devotos en la intercesión de la Virgen Santa Felicia, siendo innumerables los que de todas partes se presentan a cumplir sus votos y propósitos por haberse visto libres de sus angustias y penalidades«.
    • De este tipo de cosas no habla la versión de Obanos.
  • Los señores de Amocáin se trasladan a vivir a Labiano, con Felicia: «El Señor de Amocáin, no pudiendo desprenderse del objeto de sus fervorosos cultos ni sufrir la distancia que le separaba de su mansion, despidiéndose de su poderosa casa vino con su mujer a la de Dios, a servir reverentes y postrados a quien con amor y humildad les habia servido. Ambos murieron en ella santamente como habían vivido».
    • Esto no se cuenta en la versión tradicional de Obanos ni en la del Misterio.

Mikel Pagola Erviti (texto y fotografías, octubre de 2025)

Fotografias:

Imagen de la ermita viniendo desde el corazón del pueblo, situado a 300 metros.

 

Entrada de la basílica de San Pablo y Santa Felicia.

 

Imagen general del interior de la iglesia, con título de Basílica, de la Conversión de San Pablo y la reina Santa Felicia, en una fotografía hecha desde el coro. El cuadro con la leyenda se encuentra en la pared izquierda, y es lo primero que se ve al entrar desde la calle (la puerta está a la derecha). El altar mayor, al fondo, contiene el cuerpo atribuido a Felicia. [Foto: M. Pagola]
Altar mayor de Labiano con las puertas cerradas, visto de frente.

 

Puertas que en el altar mayor cubren la urna con los restos atribuidos a Santa Felicia.

 

Los restos atribuidos a Santa Felicia descansan en el altar mayor de la iglesia de su advocación, en la urna de cristal que puede verse bajo el cuadro central.

 

Begoña Equiza abre las puertas que tapan el cuerpo de Santa Felicia.

 

Urna de Felicia con una sola puerta corrida.

 

Urna completamente abierta.

 

Cabeza de Santa Felicia dentro de la urna.

 

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