La ermita de Nuestra Señora de Arnotegui o de San Guillermo

Conocida también como Ermita San Guillermo, Nuestra Señora de Arnotegui está vinculada a la tradición del Misterio de Obanos y a la leyenda de San Guillén y Santa Felicia.

Etimología del topónimo «Arnotegui»

Arnotegui (escrito Arnotegi en la grafía vasca actual) es el antiguo topónimo del monte donde se levanta la ermita de Nuestra Señora de Arnotegui, en Obanos. Su origen del nombre no está definitivamente establecido y, a lo largo del tiempo, se han propuesto tres interpretaciones principales, relacionadas respectivamente con el vino, el águila y un nombre personal.

La documentación histórica aporta un dato especialmente relevante: la forma más antigua localizada hasta ahora es Arnotegui, registrada por Euskaltzaindia como «Santa María de Arnotegui» en 1506 y nuevamente como Arnotegui en 1532. Solo posteriormente aparecen otras grafías, entre ellas Arnautegui. Ficha oficial de Arnotegi en Euskaltzaindia

1. Ardo: el vino

La interpretación tradicionalmente más difundida relacionó el topónimo con el vino. Partía de arno, «vino», unido a -tegi, elemento vasco de valor locativo, y dio lugar a traducciones como «lugar del vino», «viñedo» o «bodega».

Esta explicación llegó a arraigar especialmente en Obanos. En el propio Misterio de Obanos, Nuestra Señora de Arnotegui fue denominada «Virgen de las Viñas», reforzando la asociación de la advocación con la tradición vitivinícola local. En el texto primigenio de Manuel Iribarren (1964), en la Estampa III, uno de los tres cronistas (el Monje) declama:

Así, en la santa ermita de la Villa de Obanos (…)
La Virgen de Arnotegui, euskerica y labriega,
tenía allí su solio, cuidaba allí su hacienda
de expléndidos viñedos y de almas resolutas

Tras lo que, entre varias jaculatorias dirigidas a la Virgen, el «Mozo 2.º» grita:

¡Oh, Virgen de las Viñas, robustece los pámpanos!

También parece haber influido en la propia imagen mariana. Francisco Arrarás señaló en 1971 que durante la restauración realizada en 1946 se incorporó a la mano derecha de la Virgen un racimo de uvas que no aparecía en fotografías anteriores y que aún hoy conserva, y relacionó expresamente ese añadido con la entonces extendida interpretación vinícola del nombre. Francisco Arrarás, «Acerca de la etimología de Arnotegui»

Investigaciones posteriores sobre patrimonio han confirmado que esa parte de la talla fue restaurada, por lo que no puede asegurarse que el racimo perteneciera a la imagen medieval. Universidad de Navarra, «Uvas y parras en el arte navarro»

2. Arrano: el águila

La segunda interpretación fue formulada precisamente para rechazar la anterior. En su artículo de 1971, Arrarás, siguiendo a Resurrección María de Azkue, sostuvo que el nombre podía proceder de arrano, «águila», más -tegi, con un significado aproximado de «lugar de águilas» o «aguilar».

Arrarás cuestionaba la explicación relacionada con el vino porque en el euskera alto-navarro que se hablaba en la zona de Valdizarbe la palabra empleada para esta bebida era «ardoa», y no arnoa. De ahí deducía que resultaba más razonable buscar el origen del topónimo en arrano. La ubicación elevada y dominante del monte de Arnotegui también encajaba, al menos desde un punto de vista descriptivo, con esa lectura.

Algunos de los argumentos históricos utilizados entonces por Arrarás para descartar la hipótesis vinícola (en particular la supuesta introducción tardía de la vid en Navarra) han quedado posteriormente superados, ya que la viticultura navarra está documentada desde mucho antes. Su propuesta debe valorarse, por tanto, fundamentalmente por su razonamiento lingüístico. Artículo de Arrarás

Si finalmente esta interpretación fuera la acertada, se daría además una curiosa coincidencia: Arnaut, equivalente a Arnaldo, procede de la raíz germánica arn-, «águila», de modo que el topónimo volvería a quedar, indirectamente, relacionado con este animal.

3. Arnaut: un nombre personal

La interpretación más reciente es la defendida por el lingüista Mikel Belasko, a partir de unas variantes históricas señaladas previamente por José María Jimeno Jurío.

Jimeno Jurío indicó, en una nota a pie de página de uno de sus trabajos, que durante la segunda mitad del siglo XVI y el XVII para referirse a Arnotegui aparecían formas como Arnautegui, Harnautegui, Harrnautegui y Ernautegui, que según él llegaron a predominar sobre la de Arnotegui. En esa publicación, sin embargo, no detalla individualmente las fechas, documentos y signaturas archivísticas correspondientes a cada una de esas grafías, por lo que resulta prudente no considerarlas por sí solas una demostración definitiva del origen del topónimo. Trabajo de José María Jimeno Jurío (ver cita nº 10 el pie de la página numerada como 69)

La existencia de al menos alguna de esas variantes sí está documentada por otras vías. Euskaltzaindia registra «Nuestra Señora de Arnautegui» en 1587, y José Goñi Gaztambide recoge un testimonio de 1600 en el que aparece igualmente esa denominación: se trata de la acusación que el vecino de Obanos Juan de Gazólaz hace contra el reformador de ermitaños Juan de Undiano, cuando este último pretendía seguir siendo el ermitaño de Arnotegui y, también, capellán de esta basílica. José Goñi Gaztambide, «La vida eremítica en el reino de Navarra» (ver cita nº 12, en la página numerada como 659)

Al mismo tiempo, el nombre Arnotegui continuaba utilizándose, por lo que ambas formas coexistieron. Euskaltzaindia

Partiendo de Arnautegui y Ernautegui, Belasko propone Arnaut o Ernaut + -tegi, es decir, «casa o lugar de Arnaut». Arnaut (equivalente a Arnaldo) es un antropónimo de origen germánico, mientras que -tegi posee valor locativo en euskera. Esta interpretación explicaría, por tanto, el topónimo como un lugar originalmente vinculado a una persona llamada Arnaut. Mikel Belasko, «Arnotegi», Ze Berri?, n.º 112 (ver la página número 12)

La propuesta de Belasko resulta especialmente interesante por incorporar formas documentales distintas de Arnotegui, pero tampoco permite cerrar definitivamente la cuestión: la referencia conocida más antigua continúa siendo Arnotegui, en 1506, mientras que Arnautegui y otras variantes aparecen documentadas varias décadas después.

En consecuencia, el origen del nombre sigue abierto a estas tres grandes interpretaciones (ardo, arrano y Arnaut), formuladas en momentos y desde planteamientos diferentes. La documentación disponible permite valorar mejor sus argumentos, pero no establecer todavía con absoluta certeza cuál de ellas explica el nacimiento del topónimo.

Su ermitaño más célebre: Guillén de Aquitania (San Guillermo)

La ermita quedó profundamente vinculada a la tradición de Obanos por la leyenda de San Guillén y Santa Felicia. Según esta, después de dar muerte a su hermana y obtener el perdón tras peregrinar a Santiago de Compostela, Guillén se retiró como ermitaño a Arnotegui, donde habría dedicado el resto de su vida a la penitencia, la oración y la atención a los peregrinos, al servicio de la Virgen que lleva su nombre. Esta es, en realidad, la conexión directa de Obanos con la leyenda que acabaría dando origen al Misterio que tanta fama dio a la localidad. La ermita de Arnotegui conserva los restos óseos y, especialmente, el cráneo atribuido a San Guillén; Labiano guarda y venera el cuerpo de Santa Felicia; y el derruido Amocáin es el lugar donde la leyenda sitúa el fratricidio.

La tradición sitúa también en Arnotegui el final de los días de Guillén, convirtiendo la ermita en uno de los principales escenarios simbólicos de su conversión y santidad. Así se hace decir a su personaje en el final del Misterio de Obanos:

Aquí finaré mis días
a tu servicio entregado.
Mientras me latan los pulsos,
convertido en ermitaño.

A esa tradición se le añade la de su martirio, que contribuye a reforzar aún más el aura de santidad atribuida a Guillén. En el desvío donde se toma el camino hacia la ermita desde Obanos, en lugar de continuar el descenso hacia las Nekeas, existe, a la izquierda, una lápida de piedra con la inscripción «Aquí fue martirizado San Guillermo» que, según la tradición local, señala el lugar aproximado donde habría tenido lugar su martirio. También se conservan en la ermita varios restos óseos que se le atribuyen y de los que tradicionalmente se ha afirmado que presentan señales de haber sido quemados. Eso coincide con algunas versiones de la leyenda que añaden que habría muerto a manos de musulmanes y que sus restos fueron hallados calcinados, si bien eso parece una tradición posterior.

Parece, por tanto, que la leyenda medieval de Guillén y de Felicia se incorporó con posterioridad a la propia existencia de Arnotegui, uniéndose consustancialmente al significado cultural y religioso original del lugar.

Datos

En cuanto a la ermita en sí, se detallan los siguientes datos:

Cronología: Orígenes arquitectónicos medievales, con reformas en época moderna (principalmente a principios de la década de 1960).

Advocación: Virgen de Arnotegui / Nuestra Señora de Arnotegui

Materiales constructivos: Sillería en muros y esquinas; mampostería en alzados; cubiertas de teja a dos aguas; elementos añadidos en reformas posteriores.

Estado de conservación: Bueno, aunque con modificaciones respecto a la fábrica original. Se han llevado a cabo obras de consolidación del tejado en 2024 y 2026.

Usos actuales: Espacio religioso y cultural vinculado a la tradición del Misterio de Obanos; lugar de peregrinación y celebración popular dos veces al año.

Contexto: Vinculada a la ruta jacobea y a la leyenda de Guillén y Felicia, constituye un referente patrimonial y simbólico para el pueblo de Obanos. La leyenda sitúa en esta ermita a Guillén de Aquitania, que terminó sus días en ella al regresar de Santiago tras confesar el crimen de matar a su hermana, Felicia.