Presentación_previa

El Misterio de Obanos da nombre a la representación de una de las leyendas medievales más hermosas del Camino de Santiago en Navarra. La obra conserva el carácter popular de su primera puesta en escena en 1965, ya que sigue implicando de forma activa a buena parte de los vecinos de la Villa navarra de Obanos, que dan vida a los cerca de 800 personajes.

La Secretaría General de Turismo del Ministerio de Economía declaró en 2001 a este evento cultural «Fiesta de Interés Turístico Nacional», respondiendo así a la solicitud tramitada por el Gobierno de Navarra por iniciativa de la propia Fundación Misterio de Obanos, y con el apoyo expreso del Ayuntamiento de la Villa. Asimismo, esta Fundación optó en 2002 al Premio Príncipe de Viana, el máximo galardón que concede el Gobierno de Navarra para reconocer a personas e instituciones por su contribución en el campo cultural y de las letras.

Actualmente, la representación del Misterio de Obanos tiene lugar cada dos años, en los años pares, lo que le permite coincidir con los años jacobeos. El programa se desarrolla concretamente en la segunda quincena del mes de julio y comprende la puesta en escena de la obra en ocho sesiones consecutivas. Durante la última edición, del 20 al 27 de julio de 2002, asistieron a esta representación popular más de 7.000 personas.

«Del martirio de Santa Felicia y la penitencia de San Guillén», o Misterio de Obanos, fue escrito por el sacerdote Santos Beguiristáin e interpretado por primera vez en la plaza de la Villa de Obanos en 1965. A partir de ese año las representaciones se sucedieron sin interrupción hasta 1977, quedando posteriormente en suspenso durante quince años, hasta que el propio pueblo de Obanos volvió a interpretar la obra en 1993, en el marco de los Festivales de Navarra, y posteriormente en los años 1999, 2000 y 2002.

Se pusieron así las bases para la recuperación de este espectáculo cultural de carácter popular, de la mano de la Fundación Misterio de Obanos y de sus instituciones y entidades miembros, como el Gobierno de Navarra, el Ayuntamiento de Obanos, la Hermandad de Ermitaños de Arnotegui, el arzobispado de Pamplona, la parroquia de San Juan Bautista de Obanos, la Asociación de Amigos del Camino de Santiago y personalidades relevantes del ámbito cultural y artístico.

El director de las dos últimas ediciones, Alfonso Segura, recuperó algunas escenas que se escenificaron hace más de veinte años, al tiempo que elevó notablemente el número de actores con voz, con el objetivo de aumentar la participación de los vecinos del pueblo de Obanos. Ellos dan vida a los cerca de 800 personajes que intervienen en el Misterio, cuyos principales papeles recaen en los actores navarros Javier Baigorri (San Guillén), la obanesa Noemí Alcalá (Santa Felicia) y Manolo Monge (anciano).

Entre los fondos más importantes de la Fundación Misterio de Obanos se encuentra un rico y original vestuario de reproducciones de atavíos medievales compuesto por 1056 prendas diferentes, valorada en más de 200 millones de pesetas, y que son el fruto de un importante trabajo previo de documentación, diseño y figurismo en el que participaron Francis Bartolozzi, Carmen Lozano y la obanesa Clara Vélez, entre otros. Además de recrear el ambiente teatral del Misterio, estos trajes permiten evocar la atmósfera visual de la Edad Media.

LA LEYENDA DE FELICIA Y GUILLERMO

«Del martirio de Santa Felicia y la penitencia de San Guillén» da cuerpo literario a una leyenda secular del siglo XIV sobre los hijos de los Duques de Aquitania. Tras recorrer el Camino de Santiago y sentir la vocación religiosa, la princesa Felicia decidió abandonar las comodidades de la corte y esconder su rango en el Señorío navarro de Amocáin (Valle de Egués), donde su hermano Guillermo le descubrió y dio muerte, ante la negativa a asumir las responsabilidades de su estirpe.

La tumba de Santa Felicia quedó fijada en el pueblecito navarro de Labiano (Valle de Aranguren), mientras que su hermano Guillén alcanzó igualmente la santidad tras peregrinar a Compostela y llorar su crimen durante el resto de su vida en la ermita de Arnotegui, próxima a Obanos, donde consoló a los peregrinos del Camino de Santiago y socorrió a los pobres, y donde aún hoy se veneran sus restos.